
Esta reconocida zoóloga estadounidense, quien en su juventud fue maltratada por su padrastro, entabló tal relación con los gorilas en África que incluso llegó a tomar como rehén a la hija de una nativa por haberse robado uno de estos animales.
Dian Fossey, la llamada “novia de los gorilas”, nació en 1932, en Fairfax, California. Su infancia no fue muy buena, debido a que sus padres se separaron cuando ella apenas tenía tres años de edad. La unión de su madre a una nueva pareja no mejoró la situación familiar de Dian, ya que su padrastro le proporcionaba maltratos psicológicos, que lejos de debilitarla, la impulsaron a estudiar con más tesón en el intento de huir de esa injusta realidad.
Fue así como en 1954 obtuvo la licenciatura en terapia ocupacional por el San José State College, consiguiendo desempeñar su especialidad en el Kosair Children’s Hospital de Kentucky, donde investigaban modernas técnicas de trabajo con niños con discapacidad mental.
Desde su llegada al centro se entregó por entero al cuidado de los menores, quienes parecían haberla escogido como principal compañera de juegos y comunicación. Sus métodos gestuales consiguieron mayor cercanía de lo habitual con estos pequeños y sus compañeros de trabajo coincidieron en que Dian había nacido para esta forma tan hermosa de enseñanza.
Sin embargo, el destino quiso que en 1960 cayera en sus manos el libro escrito por el afamado zoólogo George B. Schaller, primer texto especializado en gorilas de montaña. En sus páginas, además de extensas narraciones sobre el hábitat y comportamiento de estos grandes simios, se arrojaban cifras catastróficas sobre su censo, ya que la moda de coleccionar cabezas, manos y pies de estos primates estaba provocando una matanza indiscriminada a cargo de cazadores furtivos amparados por corruptos gobiernos locales.
Los mataban para arrancarles las orejas, la lengua, los testículos y los meñiques, los que eran mezclados para preparar una bebida que, según creían, les dotaba de la viralidad y la fuerza del gorila descuartizado.
África, su destino
Al saber esto, Fossey sintió la llamada de la naturaleza y en 1963 viajó a África con más emoción que conocimientos, pero dispuesta a luchar por la preservación de aquella especie tan amenazada. Para eso se contactó con el célebre antropólogo Louis Leakey, que tras algunas reticencias consintió que Dian permaneciera en la zona con la intención de censar las últimas colonias de gorilas.
En 1966, en Estados Unidos, entró nuevamente en contacto con el Dr. Leakey y le mostró fotografías de los gorilas tomadas en 1963 y los artículos que sobre esos ellos escribió y publicó en revistas no especializadas. Ello le valió la atención de Leackey, quien estaba buscando una persona para que se dedicara a la investigación de estos misteriosos animales y de los que se sabía muy poco. Él creía que las mujeres tenían mayores capacidades y una especial sensibilidad para trabajar con los gorilas y comprender su hermética naturaleza.
De esta forma Dian fue seleccionada para ir al Congo a estudiar los más grandes primates vivientes. En ese sentido, siempre fue una mujer muy tímida y de carácter fuerte, rasgos que tal vez fueron determinantes para que ella se dedicara tan absolutamente a los gorilas.
Ese mismo año logra el apoyo de la National Geographic Society y la Fundación Wilkie para trabajar en Zaire, así llegó el año 1967 a la majestuosa montaña de Virunga, pero al poco tiempo de instalarse, la agitada situación política del país la forzaría a trasladarse a Ruanda para continuar sus investigaciones. Allí, con gran empeño logró fundar el Karisoke Research Center.
Según su propia descripción, el primer encuentro que tuvo con estos animales fue un momento único, lleno de magia y lo más impactante acontecido en su vida. Sin embargo, al principio hubo desconfianza, persecuciones, gruñidos..., pero su formación académica, su lenguaje gestual y, sobre todo una infinita paciencia consiguieron poco a poco el beneplácito de los simios, llegando incluso a poder relacionarse con ellos.
Su paciencia y su meticulosa observación de los gorilas le permitieron comprender e imitar su comportamiento, ganando paulatinamente la aceptación de varios grupos.
Aprendió a reconocer las características únicas de cada individuo, llegando a tener con ellos una relación de confianza y afecto.
Su compañero Digit
Uno de los métodos más conocidos de Dian consistía en otorgarle un nombre propio al gorila en el preciso momento en que fuera capaz de reconocerlo, para así diferenciarlo de los demás y poder observarlo con mayor facilidad. Además, logró acercarse a los animales gracias a su intuición que le indicaba que entre menos ellos la diferenciaran más le permitirían acercarse, por eso imitaba sus sonidos y comía ruidosamente apio salvaje al igual que ellos lo hacían.
Uno de los gorilas se llamó Digit, y con él logró la mayor comunicación, incluso al nivel de que él le permitía jugar con las crías y le daba su propia mano. Sin embargo, Digit murió en una emboscada de cazadores furtivos defendiendo a su grupo familiar.
Este hecho desencadenó una furia incontenible en Dian, quien después de la terrible pérdida se abocó a la persecución de estos cazadores a quienes odiaba con toda su alma, les ponía trampas y llegó a verdaderos extremos para salvar a sus amados gorilas.
Llena de rabia, mantuvo entrevistas con las autoridades de la zona y sus reportajes publicados en la revista National Geographic empezaron a concienciar a miles de personas, las cuales, en un capítulo de sensibilización sin precedentes, iniciaron campañas para promover la protección de los cada vez más escasos gorilas de montaña.
Poco después, creó la fundación Digit para recaudar fondos que ayudaran a la conservación de estos animales, los tranquilos y misteriosos seres que ella defendería hasta el fin de sus días. Pero por su extraña fascinación hacia ellos, muchos la rechazaron y la persiguieron, pues la consideraron una persona inestable que prefería el contacto con gorilas que con seres humanos.
En 1974 recibió por su trabajo el doctorado en zoología por la universidad de Cambridge. Era tanta su pasión que tenía un cementerio de gorilas a un lado de sus instalaciones y en 1980 tomó como rehén a la hija de una nativa, a la cual acusaba de haber robado un cachorro de gorila, y se la ofreció en canje a su madre.
En 1983, publicó el libro Trece años con los gorilas de montaña, conocido popularmente como Gorilas en la niebla, donde se explicaban sus experiencias en las brumosas montañas africanas y su contacto con los primates.
Trágico final
Dos años más tarde, el 27 de Diciembre de 1985 fue brutalmente asesinada a machetazos en su gabinete de trabajo del Centro de Investigación Karisoke. La nota oficial, emitida por funcionarios rwandeños, señalaba que: "fue muerta por asaltantes en su campamento en la montaña". Sin embargo, en Agosto de 1986 acusaron del crimen a un estudiante graduado, Wayne McGuire, que estaba haciendo su tesis doctoral bajo la asesoría de Fossey, señalando que lo cometió por celos personales y profesionales.
Ignorando tal acusación, pero consciente de su inminente arresto, McGuire regresó a los Estados Unidos y el 18 de diciembre de ese mismo año, un tribunal rwandeño lo juzgó in absentia y lo condenó a morir bajo el fuego de un pelotón de fusilamiento en cuanto volviera a pisar Rwanda. A pesar de esto, también se dice que el verdadero autor del crimen había sido Protais Ziriganyirago, cuñado del presidente ruandés y capo de los cazadores furtivos que mataban gorilas.
Por su parte, Dian Fossey fue sepultada en su cementerio particular, en medio de 17 gorilas, un perro y un mono, dentro del perímetro del Centro de Investigación Karisoke. 10 años después, Karisoke estaba en ruinas y ni siquiera el augurio de Fossey sobre el destino del lugar se cumplió.
Cuando murió, prácticamente ya estaba retirada de la investigación y se dedicaba, en cuerpo y alma, al cuidado de sus gorilas: a luchar para salvarlos de los cazadores y de la extinción. Tan profundo era su amor por estos animales como su desconfianza al hombre, que en una entrevista que le hicieron en mayo de 1985 dijo: "No tengo amigos. Cuanto más aprendo sobre la dignidad de los gorilas, más quiero eludir a la gente".
En 1988 la vida y obra de Dian Fossey fue retratada en la película “Gorilas en la niebla” (Gorillas in the Mist), dirigida por Michael Apted y protagonizada por Sigourney Weaver, pero en 1994, la organización Dian Fossey Gorilla Fund fue obligada a salir de Rwanda.
FUENTE: Terra Networks Chile S.A